Thursday, March 05, 2009

La gorda en su balcón

Soy admirable. Me presento inocentemente a un curso de dirección escénica organizado por la secretaría de cultura de una provincia de México de cuyo nombre no quiero acordarme, para según yo, aprender algo de este arte elusivo – aunque más elusivo es el arte de aprender de alguien más. El “maestro” que imparte el taller, un señor gordo y pelón dirige su mirada de toro hacia mi lugar y me dispara preguntas a quemarropa desde el segundo 0. “¿Y usted qué hace aquí?” Me pregunta, y yo me pregunto a mi misma “¿soy homofóbica por odiar a esta gorda histérica? No. No lo soy.” Respiro profundo. Simplemente me repele él, por su actitud de “yo soy el maestro”. Un gay macho, vaya cosa. Si, ya te conozco, bully desgraciado, te conozco desde mi más tierna edad. Sin embargo, continúo respondiendo amablemente las preguntas. “Vine al taller. Pero sé que está lleno, así que me voy”. Me levanto de mi asiento. Pero la gorda iracunda me dice: Por lo menos díganos su nombre. “Me llamo tal y me apellido tal.” “Y, a ver, díganos, ¿cuál es el teatro donde usted piensa que se presentan las mejores obras?” La pregunta me parece estúpida y fuera de contexto, así que contesto algo estúpido y fuera de contexto. “El Royal Court de Londres”. La gorda muestra interés... mierda, ¿por qué me hago esto a mí misma? “Ah, y qué, ¿no ve musicales nunca?” “Sí, pero sólo cuando me invitan gratis. Son muy caros y la última vez que fui a ver uno me mareé con tanto color.” “¿Y el National Theatre?” El National Theatre qué? Pienso, termina tu pregunta, pero no digo nada. Mierda. “El National Theatre también presenta musicales. Y bueno, el único que vi fue South Pacific de Trevor Nun y me aburrió.” “Quédese”, me dice. Sí, como dijo P. Me metí en la boca del lobo. Continuará...

0 comments: